Parte 1 de 3 · Cuál es el problema
Quien llevaba el registro ahora decide quién pasa.
Toda red conectada a Internet necesita números que no esté usando nadie más, y alguien tiene que llevar la lista. Es un trabajo real y necesario. El problema es en qué se ha convertido: en el poder de aprobar, denegar y retirar las direcciones de las que dependen empresas, servicios públicos y países enteros, un poder en manos de organizaciones que apenas responden de los daños que pueden causar.
En cifras
- 100 US$
- Lo máximo que deben AFRINIC y ARIN por una decisión que cause daños, salvo que seis meses de cuotas sumen más. Nota 35
- 5,3 %
- La participación cuando votaron los miembros de RIPE NCC en mayo de 2025: 1039 de 19 713. Nota 73
- 43,63 %
- La parte de las direcciones IPv4 asignadas que corresponde a Estados Unidos, frente al 3,15 % de toda la región de AFRINIC. Nota 59
En pocas palabras
- La verdadera tarea de un registro es acotada: garantizar que los números de Internet sean únicos y que sus datos sean exactos.
- Cuando las direcciones empezaron a valer dinero, la lista se convirtió en barrera: aprobaciones, pruebas de necesidades, bloqueos regionales y la amenaza de revocación.
- El poder es enorme y la responsabilidad, mínima: queda limitada a seis meses de cuotas o a 100 dólares, y no hay salida.
- Los registros dicen hablar en nombre de regiones y de «la comunidad», pero el coste recae en los operadores, en sus clientes y en las redes más pobres.
Para qué sirve un registro
Una dirección IP es, para una red, lo que un número de teléfono: permite que los equipos y las redes se localicen entre sí. Para que esto funcione, dos redes no pueden usar el mismo número al mismo tiempo. Cinco organizaciones, los Registros Regionales de Internet, llevan los registros que lo garantizan, cada una en su parte del mundo.
Su trabajo esencial es modesto. Anotan qué red tiene qué números, comprueban que un cambio de titular sea auténtico, impiden que el mismo bloque se registre dos veces y publican la información en la que se apoyan otras redes y los sistemas de seguridad. He descrito el registro como un «secretario de la unicidad» y como la libreta de direcciones de una ciudad que crece: apunta qué número usa cada cual para que el tráfico llegue a su destino.
Nada en esta página cuestiona ese trabajo. Internet lo necesita, y lo necesita bien hecho. Lo que ha fallado es todo lo que ha ido creciendo encima.
«El guardián de una libreta de direcciones no es dueño de las casas».
Cómo una lista se convirtió en barrera
Las reglas de los registros se escribieron cuando las direcciones abundaban y casi no valían nada. Palabras como «recurso público», «necesidad» o «custodia» hacían poco daño mientras nadie se jugaba gran cosa. Luego se agotó la reserva libre de IPv4. Las direcciones empezaron a comprarse, venderse, arrendarse, financiarse y disputarse en los tribunales, y pasaron a formar parte de la manera en que las empresas llegan a sus clientes. Las reglas conservaron su viejo lenguaje, pero ahora esas mismas palabras deciden quién puede usar algo valioso.
Así, la lista se convirtió en barrera. En varias regiones, el comprador tiene que convencer antes al registro de que necesita las direcciones y de que las usará en los plazos que este fija: en APNIC, presentando un plan detallado para usarlas en un plazo de veinticuatro meses; en ARIN, documentando que utilizará al menos la mitad de un bloque mayor en ese mismo plazo. Según mi lectura de su nueva política de transferencias, en febrero de 2026 AFRINIC fue más allá: toda transferencia requiere su aprobación previa por escrito, algunas direcciones no pueden salir de la región en ningún caso y no se reconocen las transferencias realizadas fuera de los cauces que AFRINIC aprueba.
Nada de esto protege la unicidad. Un registro puede comprobar que el vendedor es legítimo y que los datos son correctos sin decidir si un plan de negocio merece existir. En torno a las reglas de transferencia ha crecido además un hábito más amplio, al que llamo expansión del control («enforcement creep»): convertir la inscripción en una herramienta para vigilar el arrendamiento, la ubicación de los clientes y los modelos de negocio, con la revocación siempre en reserva para quien no acate.
«La escasez no convierte a un empleado administrativo en un arrendador».
Poder sin responsabilidad
Una decisión de un registro puede congelar una venta, dejar en el limbo las direcciones de una red o alterar los datos de seguridad que otras redes usan para confiar en sus rutas. Cuando una decisión así destruye valor, el registro no responde prácticamente de nada. Los contratos de AFRINIC y de ARIN limitan su responsabilidad a la cantidad mayor entre las cuotas de seis meses y 100 dólares estadounidenses; el de APNIC intenta excluir su responsabilidad y pide a los miembros que lo indemnicen. Organizaciones pequeñas, con presupuestos propios de una asociación, tienen poder sobre activos y servicios que valen muchísimo más de lo que ellas podrían reembolsar jamás.
Tampoco puede una red marcharse. Sus direcciones quedan atadas al registro de su región, se comporte como se comporte ese registro. No puede llevárselas a un registro mejor gestionado, como quien conserva su número de teléfono al cambiar de compañía móvil.
Las consecuencias van más allá de los negocios. Los cinco registros son organizaciones privadas sujetas a las leyes de Mauricio, Estados Unidos, los Países Bajos, Australia y Uruguay. Un país cuyas redes dependen de ellos sufre el daño si su numeración se ve alterada, mientras la palanca está en manos de una empresa privada extranjera cuya responsabilidad puede no pasar de 100 dólares. A esto lo llamo inversión de la soberanía.
«El monopolio no crea soberanía. El monopolio crea deber».
En nombre de quien nunca dio un mandato
Los registros, y en general el mundo de la gobernanza de Internet, defienden su poder diciendo que hablan en nombre de alguien: una región, un continente, «la comunidad», el usuario final. Las cifras cuentan otra historia. El Comité Asesor At-Large de ICANN, que los estatutos de ICANN describen como el espacio propio de los usuarios individuales de Internet, tiene quince miembros; conectadas a Internet hay unos seis mil millones de personas. Cuando los miembros de RIPE NCC votaron en mayo de 2025, la participación fue del 5,3 %: 1039 votos de 19 713 miembros con derecho a voto.
Participar tiene valor, y no me opongo a ello. A lo que me opongo es a convertir la participación en un mandato. Una región de servicio es un mapa trazado por comodidad administrativa, no un pueblo. Verse afectado por una decisión no es lo mismo que tener autoridad para tomarla. Mientras tanto, el operador —que firma los contratos con los clientes, opera los routers y da la cara cuando el servicio falla— cuenta como una voz más entre muchas en salas que deciden qué puede pasarle a su red.
“The stakeholders are real; the mandate is not.”
Quién paga
El coste no recae en los registros. Recae en los operadores, en forma de retrasos, trabajo jurídico y operaciones que nunca llegan a cerrarse; en sus clientes, que pagan más y pueden verse obligados a renumerar sistemas construidos en torno a una dirección; y en los países que dependen de esas redes.
Y el golpe es más duro para los pobres, precisamente aquellos a quienes las reglas dicen proteger. Décadas de asignación según la «necesidad» premiaron a quien ya era grande: Estados Unidos tiene el 43,63 % de las direcciones IPv4 asignadas; toda la región de AFRINIC, alrededor del 3,15 %. Las cuotas, el papeleo y la incertidumbre le cuestan a un operador pequeño de un mercado pobre mucho más que a uno grande, y una regla que impide que las direcciones de una región salgan de ella reduce su valor para quienes las tienen. Lo llamo la penalización de la pobreza.
La mayoría de estos costes no se ven. Los operadores pequeños no pueden permitirse enfrentarse a un registro, así que llegan a un acuerdo, acatan o desaparecen, y después su silencio se interpreta como consentimiento.
«La región no se vuelve más rica porque sus activos no puedan salir».
No es un experimento mental
AFRINIC muestra lo que ocurre cuando esta estructura se ve sometida a presión. Según su propio relato, desde 2022 funcionó sin una junta directiva con quórum, y un tribunal nombró a un administrador judicial para organizar nuevas elecciones. En febrero de 2026, la junta recién elegida —cuya elección también fue impugnada— ratificó la política de transferencias que mantiene las direcciones dentro de la región; en marzo de 2026 se presentó un recurso judicial contra esa ratificación. Una institución incapaz de gobernarse a sí misma seguía reclamando el poder de decidir qué pueden hacer las redes con sus direcciones.
África no es una excepción. Las mismas cláusulas contractuales, los mismos límites de responsabilidad y las mismas pruebas de necesidades existen en las demás regiones, y las propias reglas por las que se reconoce a los registros se están reescribiendo. El litigio que llevó a AFRINIC a los tribunales es el más conocido, pero no es lo importante. Lo importante es la estructura que lo hizo posible.
Por eso lo describo como un fallo de diseño y no como una historia de malas personas. Un sistema que da a una institución que no rinde cuentas el control sobre aquello de lo que dependen otros producirá el mismo daño, sean quienes sean los miembros de su junta.
“If the system can do this here, it can do it anywhere.”
Lo que suelen preguntarme
¿No se trata en realidad de tu propio conflicto con AFRINIC?
Tengo intereses en juego, y debo decirlo. Mis empresas, entre ellas LARUS y Cloud Innovation, son titulares de un gran número de direcciones IP y las arriendan, y Cloud Innovation mantiene un conflicto con AFRINIC desde 2021. Por escala y por exposición, estoy entre quienes más pueden perder si el sistema de registros se vuelve inestable.
Pero el problema no depende de mi caso. Los límites de responsabilidad, las pruebas de necesidades y los bloqueos regionales están escritos en los propios contratos y políticas de los registros, y se aplican a todas las redes. Mi caso es solo el lugar donde la estructura se hizo visible. Juzga el argumento por esos documentos, no por mí.
¿No necesitan los registros estos poderes para mantener la estabilidad de Internet?
Depende de la estabilidad de quién estemos hablando. Las redes que usa la gente necesitan datos exactos, servicios de seguridad que funcionen y ningún número duplicado. Nada de eso exige que un registro apruebe planes de negocio, encierre direcciones en una región o amenace con revocarlas.
A menudo esos poderes consiguen lo contrario. Un operador que teme que le retiren sus direcciones tiene todos los motivos para ocultar sus arrendamientos y mantenerse lejos del registro, y así los datos se vuelven menos exactos. La estabilidad de una institución y la estabilidad de Internet no son lo mismo.
¿Un mercado abierto de direcciones no perjudicaría a los países más pobres?
El sistema actual no los ha ayudado. La asignación según la necesidad dio más a las redes que ya eran las más grandes, y las restricciones que se defienden en nombre de las regiones más pobres reducen el valor de lo que esas regiones tienen y quitan a cualquiera las ganas de llevar allí direcciones.
Si el objetivo es ayudar a las redes más pobres, las herramientas son la liquidez, un registro transparente, la financiación y, cuando una autoridad pública así lo decida, las subvenciones directas. La discrecionalidad de los registros no está entre ellas.
¿Esto afecta solo a África?
No. AFRINIC es donde la tensión se hizo visible, pero todos los registros responden al mismo diseño: una organización privada, un monopolio regional, amplia discrecionalidad y un límite de responsabilidad. Las cláusulas contractuales y las reglas de transferencia citadas en esta página proceden de varias regiones.
Las Notas en las que se basa esta página
Cada apartado es un resumen. El argumento completo está en estas Notas.
- Nota 67Cuando la compañía de agua dice que tu casa le perteneceLa imagen más clara del problema: un monopolio que dice ser dueño de aquello a lo que sirve.
- Nota 52Cuando el poder del registro se desvincula de la responsabilidad: por qué el modelo actual de coordinación de los RIR no puede sobrevivir en su forma actualCómo el poder de los registros se desligó de su responsabilidad, con los contratos y los presupuestos en la mano.
- Nota 58De la doble extracción a la inversión de soberanía: cómo las naciones ceden el control soberano a los RIR por 100 dólares estadounidensesCómo un país puede perder el control de su numeración en favor de una empresa privada extranjera.
- Nota 73 · Original en inglésThe Multi-Stakeholder Mirage – How the Multi-Stakeholder Model Turned Attendance Into MandateLas cifras que hay detrás de «la comunidad» y de «el usuario final».
- Nota 74Necesidad de aprobación previa y de la base — El veto de RIR sobre las transferencias IPv4Cómo una prueba de necesidades convierte una comprobación técnica en un veto comercial.
- Nota 71El espejo de la políticaUna lectura, cláusula por cláusula, de las reglas de AFRINIC de 2026.
- Nota 59La penalización de la pobreza: cómo el modelo de los RIR grava a los más pobres mientras lo denomina “igualdad”Las cifras: quién se quedó con las direcciones cuando se repartían según la necesidad.
- Nota 42Cómo un contable neutral se convirtió en un poder frágilPor qué un poder sin una rendición de cuentas a su altura hace frágil a un registro, no fuerte.