Parte 3 de 3 · Por qué actuar ahora
Hay que construir la salida antes de necesitarla.
Las reglas se escribieron para simples etiquetas sin apenas valor. Desde entonces, las direcciones han pasado a formar parte del funcionamiento de empresas, servicios públicos y países enteros, mientras las instituciones que llevan su registro están bajo presión y sus reglas se reescriben. Una salida diseñada con calma cuesta poco. Una salida improvisada en plena crisis la pagan las redes y las personas que dependen de ellas.
En cifras
- 666 624
- Direcciones IPv4 vendidas en la quiebra de Nortel, el momento en que las direcciones se convirtieron en activos. Nota 65
- 32 877 US$
- Los intereses de 2 millones de dólares retenidos durante sesenta días al 10 %: un ejemplo de lo que cuesta un retraso. Nota 74
- 2033
- El año en que, según mi pronóstico, un libro mayor distribuido habrá sustituido a los registros como registro de referencia de Internet. Nota 43
En pocas palabras
- Las direcciones se han convertido en capital, pero las reglas siguen tratándolas como etiquetas gratuitas.
- Cada año de dependencia de un único guardián encarece un cambio forzoso.
- La tensión ya es visible, y las reglas que reconocen a los registros se están reescribiendo ahora mismo.
- La sucesión hay que construirla y probarla de antemano, y hay trabajo que puede empezar este mismo año.
El mundo para el que se escribieron las reglas ya no existe
Cuando se crearon los registros, las direcciones abundaban y eran baratas, y un registro podía parecer una simple libreta de direcciones. Ese mundo terminó cuando se agotó la reserva libre de IPv4. El punto de inflexión llegó con la quiebra de Nortel, cuyas 666 624 direcciones IPv4 se vendieron a Microsoft como activos en el proceso de quiebra. Desde entonces, las direcciones se transfieren, se financian, se arriendan, se litigan y están sujetas a sanciones, y forman parte de redes en pleno funcionamiento.
El lenguaje de las reglas no cambió con ellas. Unas reglas que eran inofensivas para etiquetas gratuitas actúan ahora sobre algo valioso, y cada restricción tiene un precio: compradores, prestamistas, arrendatarios y aseguradoras rebajan el valor de unas direcciones cuyo futuro depende de la discrecionalidad de un registro. Los costes visibles son las cuotas, el papeleo y los retrasos. Los mayores no se ven: capital que no puede moverse, garantías que valen menos, inversiones que nunca se hacen.
«En el momento en que IPv4 se volvió escaso, el viejo lenguaje registral dejó de ser inocuo».
Cada año de dependencia encarece la salida
Una dirección no es solo un número en la lista de un registro. A su alrededor se construyen los cortafuegos y las listas de direcciones autorizadas de los clientes, los sistemas de pago, los despliegues en la nube, los contratos y años de configuración de seguridad. Cuanto más tiempo depende una red de un único guardián, más se acumula todo eso y más cuesta un cambio forzoso: renumerar afecta a todo lo que ha aprendido a confiar en esa dirección.
El retraso también tiene un precio. Supongamos que un operador ha pedido prestados 2 millones de dólares para una compra y que la revisión del registro añade sesenta días: a un interés del 10 % anual, eso supone unos 32 877 dólares solo en intereses, antes de perder un solo cliente. La cifra es un ejemplo, no una pérdida medida, pero el mecanismo es real, y una aprobación que por fin llega no devuelve un coste ya pagado.
«Un número reducido de rechazos no mide el coste del proceso».
La tensión ya es visible
Las instituciones no son lo bastante estables como para aplazar la cuestión. El registro de África lleva años en los tribunales, funcionó sin una junta directiva con quórum desde 2022 y quedó en manos de un administrador judicial nombrado por un tribunal; después, su junta recién elegida ratificó una política que mantiene las direcciones dentro de la región.
Al mismo tiempo, se están reescribiendo las reglas que reconocen a los registros. ICANN ha publicado un segundo borrador de un Documento de Gobernanza de los RIR que sustituiría a ICP-2, la política con arreglo a la cual se reconoce a los registros, y fijaría nuevas reglas sobre cómo funcionan y cómo se les puede retirar el reconocimiento. Que las nuevas reglas den a las redes una salida real o consoliden la estructura actual marcará las próximas décadas.
El consentimiento también se está debilitando. La participación en las elecciones de los registros es baja, los operadores ya tratan sus direcciones como activos digan lo que digan las reglas, y las Naciones Unidas han hecho permanente su Foro para la Gobernanza de Internet sin tocar ninguna de las palancas que controlan de verdad las redes. Un sistema que depende de la cooperación voluntaria rara vez se derrumba de un día para otro. Va perdiendo la confianza de quienes operan las redes, decisión a decisión.
«Un sistema como este no necesita ser derrocado inmediatamente para comenzar a morir».
Qué pasará si nada cambia
El camino es previsible. Cada vez más disputas pasarán de las salas donde se debaten las políticas a los tribunales, a los que se pedirá que congelen cuentas, nombren administradores judiciales y decidan quién puede actuar en nombre de un registro. Los Estados dejarán de ver a los registros como inofensivas asociaciones técnicas. Los operadores esquivarán la autoridad de los registros apoyándose en contratos, en transferencias respaldadas por los tribunales y en sus propios archivos. Los organismos mundiales situados por encima de los registros sentirán la tentación de centralizar, y los gobiernos, la de nacionalizar; el resultado podría ser registros contradictorios y presiones políticas sobre el encaminamiento.
Tampoco es seguro que la ruptura sea gradual. Si un registro puede actuar contra una gran red o contra el espacio de direcciones de un país casi sin coste para sí mismo, una sola decisión podría fracturar el registro común, único, del que depende Internet, y dejar a los sistemas de seguridad y a los registros de transferencias apuntando a versiones distintas de la realidad. Después, restablecer un registro único sería casi imposible.
«Internet no fracasa únicamente cuando dejan de circular paquetes».
La sucesión hay que construirla antes de necesitarla
La continuidad que con razón preocupa a todos es la de una función: números únicos, datos exactos, servicios de directorio y de seguridad, y redes en funcionamiento. No es la continuidad del poder de ninguna institución concreta. Cuanto más crítica es la función, menos debería depender de la supervivencia o de la buena voluntad de una sola organización.
Esa continuidad no se puede improvisar en plena crisis. Solo el sistema de seguridad implica claves, certificados, repositorios y la confianza que otras redes depositan en ellos; trasladarlo sin riesgos exige un plan, ensayos y criterios de activación objetivos acordados de antemano. La transición tiene que empezar lo bastante pronto como para que la red sobreviva al remedio.
«La continuidad registral es necesaria. La inmortalidad institucional no».
Qué se puede hacer ya
Para AFRINIC he propuesto un calendario: la suspensión inmediata de las revocaciones, las recuperaciones de recursos, los rechazos de transferencias y las injerencias en los servicios de seguridad o de DNS inverso por motivos no técnicos; la inscripción objetiva de las transferencias y el fin de las prohibiciones regionales de exportación en un plazo de 120 días; un diseño de portabilidad y de conmutación por error en 270 días; una reformulación completa del papel del registro en un año, y un órgano de revisión independiente en dieciocho meses.
Los operadores no tienen por qué esperar a las salas de políticas. Pueden dejar constancia de cada regla en la que se apoyaron y de cada retraso que sufrieron, exigir a los registros que cumplan los compromisos que ya asumieron, acudir a la vía legal ordinaria cuando una regla les cause pérdidas y organizarse ya con otros titulares, mientras todavía tienen capacidad de presión. Quienes esperen tendrán que organizarse después de la ruptura, en peores condiciones y a un coste más alto.
Mi propio pronóstico, formulado en marzo de 2026, es que para 2033 un libro mayor distribuido habrá sustituido a los registros como registro de referencia de Internet. Importa más la dirección que la fecha: hay que construir la salida mientras todavía se puede elegir.
«¿Qué continuidad apoyas?»
Lo que suelen preguntarme
¿No hará IPv6 que todo esto deje de importar?
En entrevistas anteriores dije que Internet acabaría pasando a IPv6. Mis Notas desde enero de 2026 sostienen que no será así, al menos en ningún plazo que importe. IPv6 funciona, pero después de más de veinticinco años de una transición siempre prometida, la mayoría de los operadores todavía tiene que mantener los dos sistemas en paralelo, pagando dos veces por los mismos ingresos, e IPv4 sigue siendo aquello de lo que dependen las conexiones de sus clientes. Mientras eso sea así, quién controla el registro de IPv4 seguirá siendo una cuestión viva.
¿No es más arriesgado un cambio brusco que esperar?
Sí, y por eso defiendo una transición por etapas, no una ruptura. El verdadero peligro es el otro cambio brusco: el que llega cuando un registro falla o se vuelve contra una red y nadie ha preparado una salida. Prepararse es precisamente lo que permite que el cambio sea gradual.
No opero ninguna red. ¿Por qué debería importarme?
Porque los servicios que usas sí las operan. Hospitales, aeropuertos, bancos, escuelas y las aplicaciones de tu teléfono llegan hasta ti a través de redes cuyas direcciones figuran en estos registros. Cuando un conflicto con un registro acaba en una caída del servicio o en una renumeración forzosa, esos servicios son los primeros en notarlo, y a un hospital le da igual que la causa haya sido un noble proceso comunitario.
¿Por qué habría que creer tu pronóstico?
No hace falta. Los argumentos para construir una salida no dependen de la fecha. Aunque los registros duraran décadas en su forma actual, una red que puede marcharse está más segura, y un registro que puede ser sustituido se comporta mejor. El pronóstico es mío; los riesgos están en los propios documentos de los registros.
Las Notas en las que se basa esta página
Cada apartado es un resumen. El argumento completo está en estas Notas.
- Nota 70La falacia de la continuidad registral — Proteger el libro de registro, no a quien controla el accesoQué debe sobrevivir al fracaso de una institución y cómo prepararse para ello.
- Nota 65Primacía del código en funcionamiento: el parche necesario para preservar el diseño original de InternetEl camino previsible hacia el fracaso si nada cambia.
- Nota 71El espejo de las políticasCómo IPv4 cambió el sistema, y un calendario de reforma.
- Nota 50Sobre cuándo un registro puede destruir sin coste y por qué el sistema muere con élPor qué la ruptura puede ser repentina y no lenta.
- Nota 43Sobre el horizonte de los próximos siete añosMi pronóstico a siete años, y por qué fracasó la vía gradual.
- Nota 60Cómo la gobernanza pesada destruyó la invisibilidad que necesitaba para sobrevivirCómo un sistema empieza a morir mucho antes de que nadie lo derroque.
- Nota 74Base de necesidad y preaprobación: el veto de los RIR a las transferencias de IPv4Lo que cuestan los retrasos y lo que los operadores pueden hacer hoy.
- Nota 25Sobre el último intento de centralizar Internet: el borrador de revisión de ICP-2, el poder de ejecución y el riesgo estructuralLo que consolidaría la reescritura prevista de las reglas por las que se rigen los registros.