El color del silencio

El encuadre está casi vacío: un horizonte que se extiende en una línea tan fina que podría desaparecer.

Colores suaves del atardecer reflejados en aguas tranquilas bajo una línea de horizonte recta

El encuadre está casi vacío: un horizonte que se extiende en una línea tan fina que podría desaparecer. Por encima, la última luz del día se expande y el dorado se disuelve en un rosa suave. Por debajo, el reflejo se intensifica hasta volverse índigo, el color de la distancia y el sosiego. La superficie es lo bastante lisa como para fundir cielo y agua en un único espacio continuo.

No hay puntos de referencia, solo tono y temperatura. El cielo se oscurece sin perder calidez; el mar resplandece sin moverse. La fotografía parece quedar en suspenso, como si el tiempo se hubiera plegado hasta convertirse en color.

Es la luz en reposo: ya no es de día, aún no es de noche. Un instante que solo contiene quietud y, de algún modo, lo llena todo.

En la exposición Obra 73 de 363

La posición de la mirada

A través del vidrio

Antes de explicar el mundo

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