Por qué IPv4 puede valer 60 billones de dólares
¿Qué pasa con el valor de IPv4 cuando se valora como otros activos que generan ingresos?

La llave es pequeña; lo que abre puede ser mucho mayor. El argumento de Lu Heng sobre la valoración parte de los servicios y los negocios que IPv4 hace posibles.
La afirmación de que IPv4 podría alcanzar un valor total de 60 billones de dólares no es retórica. Se desprende de principios económicos básicos sobre los activos, una vez que IPv4 se trata como lo que realmente es: un activo escaso e insustituible que hace posibles los servicios.
Primero, IPv4 no es un coste de infraestructura: es un derecho de acceso. Ningún dispositivo, servidor o servicio puede participar de forma fiable en Internet sin una dirección IPv4. En términos económicos, IPv4 permite generar ingresos. Los activos que permiten generar ingresos no se valoran por su coste técnico, sino por el valor de lo que hacen posible. En los mercados maduros, los recursos que hacen posibles los servicios suelen captar entre el 20 % y el 30 % de los ingresos que permiten generar. Una sola dirección IPv4 suele hacer posible un servicio en la nube que genera unos 300 dólares al mes, pero hoy esa dirección se arrienda por unos 0,30 dólares mensuales: alrededor del 0,1 % del valor que hace posible. Si IPv4 se valorara, incluso de manera conservadora, en el 20 % de los ingresos que permite generar, su valor se multiplicaría por 200–300.
Segundo, la oferta es fija y conocida. Menos de 3.100 millones de direcciones IPv4 son realmente utilizables. La escasez es absoluta. Si cada dirección IPv4 se valorara entre 10.000 y 20.000 dólares —una cifra todavía modesta en relación con los ingresos que permite generar—, el valor total del mercado se situaría entre 30 y 60 billones de dólares. Es una simple multiplicación, no especulación.
Tercero, la valoración actual se mantiene artificialmente deprimida. IPv4 ya se negocia como un activo mundial, pero las políticas estrangulan su liquidez: la propiedad no se reconoce formalmente, los plazos de tenencia restringen las transferencias y las «pruebas de necesidad» burocráticas sustituyen las señales normales de los precios de mercado. Como resultado, una clase de activos valorada en 200.000 millones de dólares registra menos de 2.000 millones de dólares anuales en transacciones. Ningún activo puede tener un precio que refleje su valor en esas condiciones. Una vez que se reconozca la propiedad y se permita que la liquidez funcione, el capital revalorizará IPv4 de forma rápida y contundente.
Por último, IPv4 se convertiría en una nueva categoría de suelo digital. A diferencia de las criptomonedas, IPv4 tiene utilidad intrínseca, adopción mundial y una escasez estricta. A diferencia del oro, es directamente productivo. Una vez que pueda negociarse libremente, IPv4 será apto para su incorporación a los balances, la titulización, los derivados y la inversión institucional a largo plazo. A modo de comparación, la capitalización del mercado del oro ronda los 15 billones de dólares, sin ser lo que hace posible el comercio mundial. IPv4 sí lo hace posible.
La valoración actual de IPv4, de unos 200.000 millones de dólares, no es su verdadero valor: es el valor residual que queda tras décadas de contención impuesta por las políticas. Si se eliminan esas restricciones, el valor del activo tenderá a corresponderse con su función económica. En ese contexto, 60 billones de dólares no es un resultado extremo: es el límite superior de un intervalo conservador.
IPv4 es el activo digital más valioso que jamás ha producido Internet. La única razón por la que no se ha reconocido como tal es que todavía no se ha permitido que el mercado funcione.