Formas bajo un espejo inquieto
El agua cambia sin cesar, pero las carpas koi no tienen prisa.

El agua cambia sin cesar, pero las carpas koi no tienen prisa. Sus colores se esparcen por el encuadre: dorado sobre gris, rojo sobre plata. Cada pez se curva al compás de las ondulaciones, con movimientos suaves, sin rumbo previsto. Los reflejos del cielo y de las hojas se entremezclan con ellos y crean una superficie que pertenece tanto al aire como a las profundidades.
La luz es suave, pero lo bastante definida para revelar los detalles: una aleta que gira, una boca que rompe la superficie. La imagen inmóvil captura lo que nunca deja de moverse y reúne el reflejo y la realidad en un solo plano.
Al cabo de un rato, la mirada deja de distinguir los peces del agua. La escena se vuelve puro ritmo, como si el propio color estuviera vivo y respirara a través de la superficie.
En la exposición Obra 155 de 363
Encontrarse con otras vidas
Junto al estanque
Antes de explicar el mundo
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