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Por qué la sociedad civil debe desempeñar un papel más importante en las políticas de Internet

Un análisis del papel esencial de la sociedad civil en la elaboración de políticas de Internet, su importancia para los derechos digitales, la gobernanza abierta y el modelo de múltiples partes interesadas, y la necesidad de ampliar su participación.

Índice

Seis figuras humanas rodean un globo terráqueo, con líneas que conectan a cada participante con él.

La sociedad civil aporta a la elaboración de políticas de Internet una supervisión basada en los derechos, conocimiento especializado de las realidades locales y mecanismos de rendición de cuentas; los gobiernos y la industria no pueden definir por sí solos las reglas del entorno digital.

  • La sociedad civil protege los derechos humanos en Internet, supervisa a los gobiernos y las plataformas y aporta conocimientos técnicos, jurídicos y comunitarios.
  • Excluir a la sociedad civil aumenta el riesgo de censura en Internet, cortes de acceso y políticas sesgadas; una gobernanza inclusiva de múltiples partes interesadas permite elaborar reglas más resilientes y legítimas.

Introducción: los daños reales de las carencias de gobernanza

Las políticas de Internet han dejado de ser una cuestión técnica de interés minoritario: afectan a la integridad electoral, la difusión de información sobre salud pública, las oportunidades económicas y los derechos fundamentales. Sin embargo, los foros de políticas y los procesos legislativos siguen favoreciendo a los gobiernos y las grandes empresas tecnológicas, mientras que las organizaciones de la sociedad civil (OSC), que representan a los grupos afectados, defienden sus derechos y aportan conocimientos desde la base, suelen quedar al margen. El resultado son políticas menos eficaces y mayores daños sociales.

Qué significa «sociedad civil» en las políticas de Internet

En este contexto, la «sociedad civil» comprende organizaciones no gubernamentales, grupos de defensa de los derechos digitales, redes comunitarias, investigadores académicos, sindicatos, organizaciones de consumidores, periodistas y movimientos de base. Estos actores transforman su experiencia directa en propuestas de políticas, supervisan su aplicación, acuden a los tribunales cuando se vulneran derechos y prestan servicios a los usuarios que permiten comprobar los efectos reales de las normas. Su legitimidad procede de su estrecha relación con los usuarios y, a menudo, de sus amplios conocimientos técnicos o en materia de derechos humanos.

La sociedad civil defiende los derechos humanos y lo demuestra con datos empíricos

Las organizaciones de derechos digitales han documentado repetidamente daños que suelen pasar inadvertidos: cortes de Internet, retiradas arbitrarias de contenido, abusos de vigilancia y plataformas que favorecen la difusión de desinformación. Por ejemplo, Access Now y la coalición #KeepItOn han registrado cifras récord de cortes de Internet y han ayudado a revocar algunas órdenes gubernamentales, demostrando que la labor de incidencia puede conseguir resultados concretos para los usuarios. Como advierten los activistas: «Los proveedores de telecomunicaciones y de acceso a Internet que suspenden sus servicios por orden gubernamental también son responsables de las violaciones de derechos humanos».

 

 

Conocimientos técnicos y arraigo comunitario

Las organizaciones de la sociedad civil no se limitan a defender causas; a menudo también cuentan con conocimientos técnicos especializados, desde la medición de cortes de Internet hasta el diseño de herramientas que protegen la privacidad. Las redes comunitarias y los grupos de investigación aportan pruebas que permiten contrarrestar narrativas comerciales limitadas y mostrar los efectos prácticos de las decisiones políticas, especialmente en regiones y entornos lingüísticos que los modelos de la industria ignoran. Este papel de puente entre la tecnología y las comunidades es esencial para elaborar normas creíbles y aplicables.

 

 

La importancia de la inclusión: legitimidad, perdurabilidad y calidad

Las políticas elaboradas sin una participación amplia pueden percibirse como imposiciones y ver cuestionada su legitimidad. Los procesos inclusivos de múltiples partes interesadas, como el modelo del Foro de Gobernanza de Internet (IGF), facilitan la construcción de consensos, hacen visibles los compromisos entre objetivos y reducen la posibilidad de que grupos con intereses particulares dicten las reglas. Las Naciones Unidas y otros foros internacionales han subrayado repetidamente que la participación de múltiples actores es esencial para construir un futuro digital resiliente.

Casos en los que la sociedad civil ha cambiado los resultados de las políticas

Desde la oposición a la censura generalizada de contenidos en las plataformas hasta el impulso de normas que limiten los cortes de Internet, las intervenciones de la sociedad civil han influido en las leyes y en las prácticas empresariales. Su defensa de la rendición de cuentas en materia de derechos humanos ha contribuido a configurar las políticas de las instituciones europeas sobre libertad en Internet y ha promovido el debate público en torno a instrumentos como la Ley de Servicios Digitales. Estas intervenciones muestran que, cuando cuentan con apoyo y recursos, las organizaciones de la sociedad civil pueden cambiar los resultados de las políticas y las prácticas.

Voces expertas: la importancia de sus argumentos

«Ha llegado el momento de dejar de discutir si Internet empodera a las personas y a la sociedad, y centrarnos en una cuestión más fundamental y urgente: cómo deben diseñarse y gobernarse las tecnologías para respaldar los derechos y las libertades de todos los usuarios de Internet del mundo», escribió Rebecca MacKinnon, subrayando la urgencia de una gobernanza centrada en los derechos.

Renata Ávila, defensora desde hace años de los bienes comunes digitales y de una infraestructura digital democrática, lo expresó sin rodeos: «La Internet creativa ha desaparecido; lo que tenemos ahora es una Internet de vigilancia y control». Señaló que las decisiones políticas de hoy determinarán si Internet sirve a la vida cívica o impulsa la concentración del poder. Esto pone de relieve la necesidad de dar a las organizaciones de la sociedad civil la capacidad de cuestionar esas decisiones.

Barreras para una participación efectiva

Pese a su evidente valor, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) siguen afrontando barreras estructurales: financiación limitada, falta de acceso a consultas, procesos de redacción opacos y, en algunos países, intimidación o restricciones legales. Las barreras lingüísticas y la complejidad técnica también excluyen a los grupos de base. Sin reformas deliberadas que incluyan financiación, desarrollo de capacidades, servicios de traducción y espacios de participación protegidos, los actores que ya dominan el proceso seguirán dictando las reglas.

Medidas prácticas para ampliar la influencia de la sociedad civil

  • Financiar la participación y pasar de las palabras a los hechos: los gobiernos y los donantes deben financiar la participación sostenida de las organizaciones de la sociedad civil, en lugar de limitarse a «consultas de escaparate» puntuales.
  • Exigir transparencia en la elaboración de las normas: publicar a tiempo los textos propuestos y las evaluaciones de impacto para permitir la supervisión y las aportaciones constructivas.
  • Apoyar el desarrollo de capacidades técnicas y jurídicas: ofrecer formación y oportunidades de adscripción temporal a otras organizaciones para que las comunidades puedan formular propuestas de políticas que respondan a los daños sufridos en su entorno.
  • Proteger el espacio cívico: los instrumentos internacionales y las garantías nacionales deben prevenir las represalias contra quienes defienden los derechos digitales.
  • Integrar mecanismos de gobernanza de múltiples partes interesadas en todos los niveles: desde los reguladores nacionales hasta las negociaciones intergubernamentales, la sociedad civil debe participar formalmente y no ocupar un papel accesorio como invitada ocasional.

 

 

Beneficios para gobiernos y empresas

La participación de la sociedad civil puede dar lugar a normas más sólidas y aplicables, reduciendo así el riesgo de litigios, rechazo político y fallos regulatorios. También puede reforzar la confianza pública, algo especialmente importante para las políticas cuya eficacia depende del cumplimiento, como los requisitos de transparencia de las plataformas, los estándares de moderación de contenidos y los marcos de gobernanza de datos. En pocas palabras: la inclusión es buena gobernanza.

Los riesgos de mantener las carencias de gobernanza

Si la participación de la sociedad civil es escasa, las políticas tenderán hacia modelos reactivos que anteponen la seguridad, erosionan los derechos humanos y fragmentan la Internet global. Veremos más censura en Internet, una aplicación más discriminatoria de las normas y reglas que favorecen a los intereses establecidos en el mercado. Estas consecuencias ya empiezan a manifestarse en las crecientes controversias sobre la censura en Internet y la gobernanza de contenidos. Por tanto, la ausencia de la sociedad civil no solo es injusta, sino también peligrosa desde el punto de vista estratégico.

Conclusión: un llamamiento pragmático

Los responsables de las políticas y los líderes de la industria deben ir más allá de las consultas simbólicas. Deben tratar a la sociedad civil como un socio esencial: financiarla, escucharla y diseñar mecanismos junto a ella. De lo contrario, el resultado será una gobernanza frágil e injusta que terminará perjudicando a la ciudadanía. Como han señalado MacKinnon y otras voces, el futuro de la vida democrática en Internet depende de quién tenga hoy el poder de establecer las reglas.

 

 

Preguntas frecuentes

  1. ¿Quién forma parte de la sociedad civil en las políticas de Internet?
    La sociedad civil incluye organizaciones no gubernamentales (ONG), grupos de derechos digitales, redes comunitarias, académicos, periodistas, sindicatos y movimientos de base que representan a los usuarios o aportan conocimientos técnicos y jurídicos independientes.
  2. ¿No pueden las empresas y los gobiernos elaborar buenas políticas de Internet por sí solos?
    No. Los gobiernos y las empresas tienen intereses contrapuestos; la sociedad civil aporta supervisión basada en los derechos, la perspectiva de los usuarios y pruebas independientes, lo que reduce la captura por intereses particulares y mejora la legitimidad de las políticas.
  3. ¿Cómo influye la sociedad civil en resultados concretos?
    Mediante la investigación, los litigios, la incidencia pública y la participación en foros de múltiples partes interesadas. Por ejemplo, contribuye a revocar órdenes de suspensión de servicios o a configurar garantías regionales para los derechos digitales.
  4. ¿Qué impide que la sociedad civil tenga una mayor influencia?
    La falta de financiación, los procesos opacos, las barreras técnicas, los problemas lingüísticos y, en ocasiones, la represión directa. Las soluciones incluyen financiación sostenida, desarrollo de capacidades y obligaciones de divulgación de información.
  5. ¿Cómo pueden los lectores apoyar un papel más importante de la sociedad civil?
    Donando a organizaciones de derechos digitales de confianza, participando en consultas públicas y exigiendo a sus representantes electos que financien la supervisión independiente y protejan el espacio cívico.