El viejo barco

Un viejo pesquero reposa en silencio sobre aguas quietas; su pintura verde azulada, desconchada, deja ver el óxido debajo.

La proa surcada de óxido de un viejo pesquero verde azulado, con marcas amarillas en el casco, cabos y una estructura roja en la parte superior.

Esta es la imagen de un viejo pesquero. Reposa en silencio sobre el agua quieta. El tono predominante de la embarcación es un verde azulado desvaído, el color del agua de mar en un día nublado. Pero se puede ver que la pintura se ha agrietado y desprendido en varios puntos, dejando al descubierto el óxido. Esas líneas cuentan historias de muchos años largos y duros de trabajo en el océano. Las marcas de un amarillo vivo en el costado del barco le dan su identidad. Un cabo grueso sujeto a la proa mantiene amarrada la embarcación. Una estructura de metal rojo se alza sobre el barco, y una bandera roja aporta un pequeño toque de color contra el cielo azul. Detrás de la embarcación, el mundo está sereno y en silencio. Todo está en calma y el agua refleja la luz. A lo lejos, apenas se distinguen las siluetas onduladas y brumosas de unas montañas, allí donde el cielo desciende hasta el océano. El cielo es de un azul apagado, sin nubes. No se ve a nadie en cubierta. El barco es el principal centro de atención de la imagen. La fotografía transmite una gran sensación de realidad, como si se hubiera tomado en una mañana tranquila. El barco no es nuevo ni reluciente. Tiene años a sus espaldas y ha trabajado mucho. Pero bajo esta luz, rodeado de agua en calma, resulta hermoso y noble. Hace que uno se pregunte cuántas tormentas habrá afrontado, cuántos peces habrá sacado del mar. La fotografía es un modesto homenaje a una vida de trabajo duro.

En la exposición Obra 125 de 363

El mundo que construimos

Trabajo sobre el agua

Antes de explicar el mundo

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