Ondulaciones bajo el sol que cae
El sol queda suspendido justo sobre el horizonte; su reflejo se extiende como metal líquido.

El sol queda suspendido justo sobre el horizonte; su reflejo se extiende como metal líquido. El lago se vuelve ámbar; cada movimiento deja una leve ondulación que brilla antes de desvanecerse. Los patos se dispersan por la superficie: siluetas que se deslizan entre el oro, sin prisa, ingrávidas.
A esta hora, la luz y el agua olvidan sus límites. El reflejo del cielo se prolonga en el lago, mientras el propio lago asciende en busca del calor. Los árboles de las orillas se disuelven en sombras, con las ramas dibujadas al carboncillo contra un cielo ardiente.
Aquí no hay dramatismo, solo entrega. La luz no desaparece, sino que desciende al abrazo silencioso del agua. Los patos la atraviesan como si conocieran ese ritmo desde siempre: una lenta travesía por algo demasiado vasto para darle nombre. La fotografía atrapa el último aliento del día, un instante en que la quietud se convierte en una forma de luminosidad propia.
En la exposición Obra 170 de 363
Encontrarse con otras vidas
Vidas junto al agua
Antes de explicar el mundo
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