Sobre la descentralización de las direcciones IP

¿Por qué la última capa centralizada de Internet es un riesgo estructural y no una cuestión filosófica?

Ilustración de cuatro grupos separados de edificios azules, cada uno con su propio libro de registro abierto, unidos por caminos azules.

Cada red puede conservar el control de su propio registro y seguir coordinándose con las demás.

Internet lleva décadas avanzando de forma sostenida hacia la descentralización. Desde la infraestructura hasta las aplicaciones, desde las cadenas de bloques hasta la Web3, casi todas sus capas están reduciendo la concentración del control en puntos únicos. Sin embargo, una capa esencial sigue obstinadamente centralizada: los nombres y los números, es decir, los nombres de dominio y las direcciones IP. No es una cuestión filosófica, sino un riesgo estructural. Cualquier punto de control centralizado puede quedar en manos de intereses particulares, politizarse o utilizarse de forma abusiva; cuando eso ocurre, Internet se fragmenta.

Los fundadores de Internet no descentralizaron esta capa porque la tecnología no existía y la propia Internet era pequeña. Hoy es una infraestructura de servicio público de alcance mundial. Los supuestos de entonces ya no son válidos. Los registros centralizados representan ahora una vulnerabilidad: si las instituciones que administran las bases de datos de registro actúan indebidamente o ceden ante presiones políticas, pueden poner en peligro la conectividad, la neutralidad y la confianza. Ese peligro no es teórico; acontecimientos recientes en varios registros lo han demostrado con claridad.

El debate sobre si las direcciones IP y los nombres de dominio se «comercializan» ya está resuelto. Hay mercados, y los hay desde hace décadas. La verdadera cuestión es la propiedad y el control. Un sistema en el que los usuarios están permanentemente sujetos a una autoridad central, con derechos limitados y escasas vías de recurso, es frágil. Un sistema en el que cada red es propietaria de sus propias inscripciones registrales o mantiene un control seguro sobre ellas es resiliente. Cuando cada cual gestiona su propia parte de Internet, no hay un único centro de poder del que merezca la pena apoderarse.

Descentralización no significa caos. Hasta que exista un modelo plenamente descentralizado, los Registros Regionales de Internet deben mantenerse estables y neutrales. AFRINIC, al igual que los demás RIR, debe preservarse a corto plazo porque Internet sigue dependiendo de la unicidad de sus identificadores y de la coordinación. Pero, a largo plazo, ninguna institución debería ejercer de forma permanente un poder monopolístico sobre los identificadores esenciales de Internet.

Mi postura nunca ha girado en torno al dinero ni al control. Los mercados existirán de todos modos. Lo que quizá no sobreviva es una Internet única, abierta y global si se sigue politizando la autoridad centralizada y abusando de ella. Una Internet descentralizada, en la que el poder esté distribuido por diseño en vez de limitado por promesas, no es una cuestión ideológica. Es necesaria para que Internet siga siendo una sola red para la próxima generación.