El umbral de la noche visto desde lo alto

Luces de la ciudad que brillan bajo un cielo crepuscular de tonos profundos

Una fina línea en el horizonte resplandece: un amarillo pálido que se funde con el índigo. Debajo, una red de luces dibuja la presencia humana sobre el territorio. La concentración más luminosa señala el corazón de una ciudad; las demás luces se van apagando hacia la periferia, dispersas como brasas que caen.
La mitad superior del encuadre es casi oscuridad pura, un espacio que parece infinito. La mitad inferior vibra con tenues trazados, carreteras y poblaciones apenas visibles bajo el azul que se intensifica.
Lo que comienza como una simple vista desde el cielo se transforma en algo más abstracto. El mundo de abajo parece una miniatura; los colores, más emocionales que reales. Entre el día que se desvanece y la noche que espera, la fotografía guarda un único aliento sereno.


En la exposición Obra 50 de 363

Salir de lo conocido

Después de llegar

Antes de explicar el mundo

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