Mono y reflejo sobre el cristal
Un mono aparece junto a su reflejo suavizado en un panel de cristal, convirtiendo un retrato animal cercano en un estudio sobre la presencia duplicada y la atención.

El rostro de un mono se encuentra con el cristal y produce dos imágenes a la vez. Una es directa y está nítidamente definida; la otra, más pálida, queda suavizada por el reflejo. Ambas ocupan la misma superficie, una al lado de la otra, sin llegar a fundirse.
El pelaje gris y blanco enmarca el rostro, y una mano se extiende hacia el panel transparente. Más allá del cristal, el follaje desaparece en un amplio borrón verde, dejando aislados en el encuadre al animal y a su doble reflejado.
La boca está ligeramente abierta y la mirada permanece fija, formando una expresión que puede interpretarse como sorpresa o curiosidad. El reflejo transforma el ánimo del retrato y hace que la fotografía trate menos de la mera apariencia que del extraño desdoblamiento producido por la barrera.
En la exposición Obra 69 de 363
La posición de la mirada
A través del vidrio
Antes de explicar el mundo
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