Colina y aguas quietas en blanco y negro
Una ladera oscura desciende hacia aguas tranquilas bajo un cielo cubierto, y los contrastes tonales contenidos dan al paisaje un carácter sereno y austero.

Una ladera oscura y ondulada desciende hacia aguas inmóviles bajo un amplio cielo cubierto. El lago recoge los tonos apagados de la tierra circundante, mientras unas formas tenues y lejanas aportan profundidad junto al horizonte. Representada en blanco y negro, la escena se apoya en las sutiles divisiones entre cielo, ladera y reflejo para crear un paisaje que resulta a la vez tranquilo y severo.
En la exposición Obra 86 de 363
La posición de la mirada
Casi una línea
Antes de explicar el mundo
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